La espiritualidad de un corazón roto

Espiritualidad de un corazón roto
  • Fecha: diciembre 27, 2019

Por: Jenny Trejos

Los días grises no son perpetuos, tampoco somos los únicos con nubes negras y paisajes invernales, comprenderlo es sencillo, ser conscientes de ello es lo difícil, hablar de días soleados cuando hemos superado la tormenta hace que “las nubes negras sean parte del paisaje” y salimos de ella con fe plena de que podemos transformar el mundo y que en nuestra travesía hemos dejado las migajas de pan para que otros sigan nuestros pasos y eviten algunos tropiezos, seguros de que el dolor es solo una decisión y nuestro camino es convertirnos en seres resilientes.

Cuando tenemos, o más bien nos damos la oportunidad de escuchar personas que han pasado por grandes crisis, pérdidas y decepciones, ver su transformación, su motivación y alegría pareciera una dosis perfecta para llenarnos de esperanza y ganas de dejar atrás todo aquello que nos sumergió en la imposibilidad de superar y avanzar, nos acercamos y buscamos “la espiritualidad” que tanto nos hace falta y nos convertimos en seres “VVTU”: valiosos, valientes, talentosos y únicos. Transformamos todo a nuestro alrededor, hacemos ejercicio, nos alimentamos mejor, un cambio de look nunca está de más, empezamos a construir sueños, acercarnos a nuestra familia y nos damos un lugar en ella desde lo que deseamos y anhelamos, sobre todo estamos más seguros de lo que queremos y no para nuestra vida, lo que merecemos y no en nuestras relaciones, empezamos a acércanos a nuestra fe y nuestra manera de ver la vida, nos conectamos con el mundo de una forma diferente, nuestra resiliencia ahora es también empatía y poco a poco “las nubes negras forman parte del paisaje”. Hay muchos que han tenido esta experiencia y que, después de cerrar un ciclo doloroso de nuestra vida, debería ser la que todos tengamos.

Pero, ¿cómo lograr esa espiritualidad con el corazón roto? ¿Cómo podemos llegar a ese nivel de resiliencia, empatía y de motivación? Pues bien, lo primero es saber que efectivamente cada paso, sentimiento y situación de nuestra vida es una decisión que nace en nuestros más profundos deseos, en nuestro ser; lo segundo es, no esperes que el mundo te de la solución, tampoco esperes encontrarla dentro de ti, al menos no si tienes el corazón roto, pero ¿tienes el corazón roto? O simplemente el mundo no es como tu quisieras, pues bien, empecemos por ahí, si te has hecho las siguientes preguntas en los últimos días: ¿Por qué a mí? ¿Qué karma estoy pagando? ¿Dios se ha olvidado de mí? ¿Nadie me valora? ¿He dado tanto y así me pagan? etc. permíteme decirte que no tienes el corazón roto, tienes el ego golpeado, y la cura para eso es comprender que hace mucho se demostró que el centro del universo, al menos del sistema al que pertenecemos no es nuestro planeta, mucho menos el ser humano y que no eres indispensable para que el mundo exista, así que te invito a tomar cada una de esas preguntas y pensar: ¿Cuáles han sido tus decisiones? ¿Esperas algo o ser aprobado por lo que haces? ¿Qué significa Dios, o en lo que creas, para ti?, una vez resuelvas estas preguntas, quizá podrás darte cuenta que la espiritualidad que buscas o ese valor que esperas realmente está en ti, las expectativas que tenías respecto a otros y las esperanzas de ser indispensable para el mundo (o ese mundo (persona (s) que no sale de tu mente), para eso “Mantente en la tierra, como si tuvieras cuatro piernas. De esa manera, podrás quedarte en este mundo. Además, no mires al mundo a través de tu cabeza. En vez de eso, míralo a través de tu corazón. De esta manera conocerás a Dios”. –Ketut Liyer. Te permitirás ser y pertenecer, reconociendo que todos somos.

Ahora, si tu caso no es este, sino más bien que no encuentras sentido a tu existir aun teniendo razones y oportunidades, entonces tienes el corazón roto, pues efectivamente hay un desbalance en tu ser, no hay armonía en tus pensamientos, sentimientos, experiencias y acciones y eso te lleva al oscuro rincón de la nostalgia, desesperanza y la tristeza, entras en modo automático y sobrevives.

Salvar un corazón roto desde esa realidad es más difícil, pues es un corazón ciego, sordo y mudo, un diamante en bruto que solo ve lo segundo, por eso necesitas saber que la salida a esa realidad que vives es la conjunción en la que el mundo y tu mundo te hacen ser algo más de lo que siempre fuiste, y sí “las nubes negras también forman parte del paisaje”, porque será toda esa oscuridad que vives la que te llenará de motivos suficientes para buscar la luz que siempre ha estado ahí, pero tu solo miras las nubes, la profundidad del suelo inerte o la realidad que no te satisface, esa luz esta frente a ti, justo detrás de todos los miedos que pusiste delante de ti, justo detrás de toda la rabia que has guardado y justo detrás de tu falta de fe, no en algo externo sino en ti “Algunas veces, perder el equilibrio por amor, es parte de vivir una vida equilibrada”. –Ketut Liyer, porque nadie vendrá a salvarte, porque todos hemos pasado por esa etapa de nuestra vida en la que nada tiene sentido, en la que perdemos la ilusión de cualquier sueño y todo el futuro que proyectábamos se diluye en nuestras manos, todos hemos pasado por ese momento en el que la partida de alguien nos deja ese sentimiento de vacío y soledad que parece que ahogara cualquier posibilidad de salir de ese rincón en el que nadie parece comprender.

Un corazón roto encontrará su espíritu cuando no trate de acomodarse al mundo, sino cuando decida construir su propio mundo; verlo con sus ojos, tomar cada experiencia como una oportunidad para transformar y ser consciente de que – “algunas veces, nuestros corazones se rompen para permitir que nueva luz ingrese”. –Liz Gilbert.

 

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