¿Cómo desarrollar habilidades blandas para asumir el entorno laboral?

Habilidades blandas para asumir el entorno laboral
  • Fecha: noviembre 30, 2020

Por: Laura Daniela Cajiao Eraso y Janny López Orozco, Departamento de Egresados

El ser humano está compuesto por un conjunto de conocimientos, experiencias, comportamientos, habilidades, entre otras características que influyen y tienen un papel importante en diferentes escenarios de relacionamiento, como el entorno familiar, académico y laboral.

Las habilidades son uno de los componentes fundamentales del individuo, puesto que corresponden a los talentos, destrezas, aptitudes y capacidades que pueden ser desarrolladas, además, permiten llevar a cabo actividades, trabajos y oficios de forma exitosa y pueden fortalecerse a través del aprendizaje continuo.

Existen dos tipos de habilidades que corresponden a aquellas que se aprenden y aquellas que son innatas en la persona o que ha adquirido a través de la experiencia.

  • Habilidades duras: corresponde a las habilidades que se adquieren a través del conocimiento mediante acciones de capacitación, como los estudios universitarios, los programas de educación continua y la experiencia laboral. Son habilidades que pueden cuantificarse y, además, suelen presentarse como requisito para un determinado trabajo. Por ejemplo: conocimiento de idiomas, manejo de programas ofimáticos.
  • Habilidades blandas: son habilidades propias que el individuo posee de forma innata o que ha logrado adquirir y desarrollar a través de su experiencia. Pueden ser empleadas en cualquier escenario que se requieran, facilitando la interacción con los demás. Por ejemplo: liderazgo, trabajo en equipo, comunicación.

No obstante, es válido cuestionar cuáles son las habilidades más importantes al momento de participar de un proceso de selección. Es por ello que Diana Díaz, psicóloga del Departamento de Egresados, realizó el Taller “Habilidades blandas”, con el propósito de orientar a los participantes a identificar las habilidades con las que cuentan y aquellas que se deben implementar o fortalecer.

Según investigaciones realizadas por la Universidad de Harvard en conjunto con The Carnegie Foundation y Stanford Research Institute, de acuerdo al estudio publicado por Charles Riborg Mann en 1918, concluyeron que el 15 % de desempeño que un individuo tiene en su lugar de trabajo corresponde al conocimiento técnico y habilidades duras. Por su parte, el 85 % restante corresponde a las actitudes, determinación, comunicación asertiva, trabajo en equipo, pensamiento crítico y resolución de conflictos. Se concluye, entonces, que el desarrollo y fortalecimiento de habilidades blandas prima sobre las habilidades duras, ya que las primeras representan un valor mayor en el desarrollo profesional y el mercado laboral.

Teniendo en cuenta lo anterior, se considera importante conocer e identificar cuáles son las habilidades blandas más exigidas en el ámbito laboral actual.

Iniciativa – Proactividad: es la capacidad para proponer y adelantarse a los acontecimientos, desarrollando ideas innovadoras. Es característica en personas que tienen una postura activa, son capaces de tomar decisiones por criterio propio, transforman ideas y proponen oportunidades de mejora, sin embargo, aquellas personas que carecen de esta habilidad suelen tener una postura pasiva, dependen de que otros marquen pautas e indiquen las tareas diarias y no son capaces de actuar en situaciones críticas.

Inteligencia emocional: corresponde a la capacidad de reconocer, entender y gestionar las emociones propias. El individuo tiene una postura consciente, es seguro de sí mismo, tiene mente abierta, recibe con facilidad correcciones, sabe cuándo y cómo decir no y está dispuesto a trabajar en sí mismo. Por el contrario, el individuo que no posee esta habilidad tiene una postura pasiva o agresiva, se ofende fácilmente, se toma las cosas de forma personal, no suele poner límites y siente una gran necesidad de aprobación por parte de otras personas.

Capacidad de adaptación – Flexibilidad: consiste en la capacidad de aprender de forma continua y ajustarse a las demandas de una organización u otras esferas sociales. Si una persona está dispuesta al aprendizaje, es capaz de trabajar en situaciones diversas y valora posturas diferentes a la propia, en caso contrario, tendrá una postura rígida, optará por soluciones ya conocidas, le costará asumir cambios y no permitirá escuchar nuevas opciones.

Creatividad e innovación: esta habilidad permite crear o idear nuevas maneras de realizar una labor común, estar abierto al entorno, sus variables y ser receptivo. Una persona creativa e innovadora posee una postura abierta, es observadora, tiene una gran imaginación, suele crear un sinnúmero de ideas, entiende que equivocarse no es sinónimo de fracasar y aprende con rapidez de sus errores. Sin embargo, un individuo que no cuenta con esta característica tiene una postura cerrada, no es curioso por su entorno, procura seguir una rutina estructurada para realizar sus labores y evita ser espontáneo o arriesgado.

Trabajo en equipo: compartir, participar, colaborar y ayudar a un equipo de personas frente a un bien común son las principales características de esta habilidad. La persona que la posee cuenta con una postura colaborativa, promueve el trabajo cooperativo, valora las opiniones de los demás y resuelve conflictos en equipo. Como contrapartida, quien no la posee suele tener una postura egoísta, hace lo que desea sin importar lo que se decide en el equipo y no asume sus responsabilidades.

Liderazgo: es la capacidad de influir, motivar, inspirar y delegar a un grupo de personas hacia un determinado propósito. Es característica de las personas que tienen una postura asertiva, comunican y delegan responsabilidades, entienden la forma de pensar de otros, sus capacidades y áreas de oportunidad, toman decisiones y retroalimentan de manera positiva al equipo. No obstante, las personas que no la poseen tienen una postura pasiva – agresiva, tienden a encargarse de todas las responsabilidades, se les dificulta delegar, no comunican los objetivos, no se interesan en el equipo y no tienen en cuenta las opiniones de los demás.

Resolución de conflictos: corresponde a la capacidad de pensar y llegar a la solución de múltiples problemas en un periodo determinado. El individuo tiene una postura activa, explora todas las estrategias y soluciones posibles, valora las consecuencias positivas y negativas que puedan surgir, elige las opciones que más se adapten y sean más convenientes. Por el contrario, quien no la posee, suele tener una postura pasiva, espera que los demás tomen las decisiones para resolver los problemas y se le dificulta encontrar alternativas para dar respuestas o soluciones.

Orientación al logro: consiste en la capacidad para encaminar todos los actos hacia una meta, actuando con rapidez y determinación ante las decisiones importantes. Un buen orientador tiene una postura visionaria, trabaja hasta conseguir los objetivos, establece metas a través de la planificación, persevera y busca realizar sus labores con estándares de calidad.

Comunicación asertiva: permite al individuo expresar de manera coherente, clara y respetuosa sus posturas, opiniones, sentimientos y decisiones. Una persona que se comunica de forma asertiva tiene una postura consciente, manifiesta sus ideas respetando la postura del otro, escucha activamente, no hace suposiciones y se dirige de forma empática. La persona que no posee esta habilidad tiende a una postura pasivo – agresiva, finaliza la mayoría de sus conversaciones en discusión o no expresa sus sentimientos y pensamientos a los demás.

Negociación: establecer acuerdos, lograr la aceptación de las ideas, propósitos e intereses, a fin de lograr el mejor resultado posible son características de esta habilidad. La persona es abierta, tiene la capacidad de influir en otros, argumenta, persuade y convence, siempre busca llegar a acuerdos y puede ser flexible.

Finalmente, la psicóloga Díaz resalta la importancia de formarse integralmente, manteniendo e incluyendo el saber (conocimientos), el saber hacer (habilidades duras) y el saber ser (habilidades blandas), puesto que “las habilidades y conocimientos pueden contribuir en una entrevista laboral, pero son las habilidades blandas que puedan demostrarse las que facilitan el éxito y la consecución del empleo”. Así mismo, Díaz invita a realizar un proceso de autorreconocimiento de las habilidades que se poseen y cuáles deben fortalecerse para emprender un cambio sin temor que puede llevar al crecimiento personal, la generación de nuevas ideas, transformaciones y romper paradigmas.

 

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