Cuando una tarea de clase incita a la creación de un colectivo de música

Colectivo de música de Unicatólica, SinSalón
  • Fecha: octubre 22, 2020

Un breve recuento de los 10 años de historia del colectivo de música de Unicatólica, SinSalón

Por Mónica López Candelo mlcandelo@unicatolica.edu.co

En una clase de la entonces Licenciatura en Educación Básica con énfasis en Artística (hoy Licenciatura en Educación Artística), donde se discutía alrededor de la interculturalidad y la influencia de la música afro en todo el continente americano; un particular grupo de estudiantes quiso poner a prueba este concepto entre ellos mismos. El resultado: el grupo lograba conversaciones multiétnicas, pero no hacía interculturalidad. Ante tal panorama, la tarea era indagar cómo hacerla a partir de los saberes previos de todos los interesados.

Hacer música les pareció la mejor estrategia para solucionar la tarea. Entre los integrantes del grupo había cierta experticia, por un lado, en la música del folclor del Pacífico, pues varios eran de Guachené, Cauca, y habían migrado a Cali a estudiar en la Universidad. Ellos traían consigo, por supuesto, su conocimiento musical que tiene origen y trascendencia a partir de la oralidad y de las variadas costumbres de su región. Por el otro lado, había estudiantes con conocimiento sobre música andina y sonidos urbanos, como el rock y el blues. Así que se propusieron diseñar una estrategia para fusionar estos sonidos, estrategia que sonó tan bien, que terminó llamándose Pacific Blues, el primero de los formatos de música al cual este grupo de estudiantes decidió apostarle.

Al principio, Pacific Blues era simplemente una iniciativa estudiantil no reconocida por la Institución, una investigación de clase que les permitió entender la influencia de la música africana en el rock y en el blues, pero también en las músicas negras de Colombia y que de paso resultaba tan motivadora que sus integrantes decidieron continuar haciendo música. Lo curioso era que este grupo sonaba muy bien, todos habían hecho música antes, los chicos de Guachené traían el folclor en la sangre y la fusión con el blues sonaba muy interesante ante los oídos de los curiosos que pasaban por el ensayadero.

Edwin García OspinaPara ese momento, Bienestar Universitario empezaba a reorganizarse, Unicatólica continuaba creciendo, se dictaban ya cursos de guitarra, pero no había ni instrumentos ni grupos representativos que sirvieran de apoyo al naciente grupo, razón por la cual debían encargarse de traer sus instrumentos cada sábado cuando había ensayo. Unos cargaban sus tamboras, otros traían su bajo o su guitarra y, así por un tiempo hasta que el área de Cultura decide proponerles ser un grupo representativo y prestarles un espacio para encontrarse, aunque no fuera de uso exclusivo para ellos. Cuando esto sucedió, les informaron que también había algunos instrumentos, como un piano (con el que hacían al principio los sonidos de la marimba), un amplificador y una batería que podían usar. Además, que iban a contar con el apoyo del profesor Freddy Morales para coordinar al grupo. Ese mismo año empezaron a presentarse en eventos de la Institución, lo que les permitió mostrar su talento ante la comunidad universitaria. Finalmente, el profesor Freddy decide buscar otro rumbo, pero deja recomendado al entonces recién egresado de la Licenciatura en Artística, Edwin García Ospina, integrante de Pacific Blues, quien además de coordinar el grupo representativo integraría el colectivo de docentes que guían las electivas de Bienestar Universitario. Todo esto en el 2010.

Desde entonces, han pasado diez años en los que esta iniciativa estudiantil apoyada por Bienestar Universitario ha ido configurando su propia identidad. Es la misma historia la que ha hecho de este grupo, un colectivo de música. Uno que con gusto ha viajado no solo por diversos géneros musicales, sino también por muchos espacios de la Universidad, pues al no tener inicialmente un salón propio para sus ensayos debió transportar durante mucho tiempo de un lado a otro sus músicas, como un estudiante errante que anda SinSalón.

¿Y en verdad no tienen salón? se pregunta uno al darse cuenta de que el colectivo se llama así, SinSalón. Pues sí, al principio no había un salón donde se pudiera hacer música sin interrumpir otras clases y sin tener que movilizar instrumentos. Primero usaron el salón múltiple, luego el salón de arte y, finalmente, el salón Ayni donde hoy se ubica “el salón de música”. Un espacio pequeño que antes era una bodega, pero que se fue adaptado con casi todo lo necesario para hacer música sin causar mayores inconvenientes.

Con el salón llegaron nuevas oportunidades para el grupo. Edwin no solo es el líder de SinSalón, sino que también se encarga de las electivas de Interpretación de Instrumentos Musicales y de Taller de guitarra que forman parte de la oferta de cursos de Bienestar Universitario.  Este mismo salón es ocupado de manera regular por casi veinte estudiantes de las electivas y ahí, Edwin, con su particular estrategia para enseñar, usando los sonidos que hacen las palabras y algunas las frases, comparte todo su conocimiento sobre música enfocado hacia la formación integral y de esta manera atrae a nuevos talentos cada semestre. Por eso no es extraño que cuando se camina cerca al salón Ayni se escuche que alguien canta “papa con yuca” mientras enseña a tocar la tambora. También se le ofrece, por si el estudiante lo desea “pan-de-bono”, “choco-late”, ¡no hay manera de quejarse!..

William Osorio Vivas y Sebastian BautistaSin duda alguna, la electiva ha sido fundamental para la consolidación del grupo, muchos estudiantes que pasan por ahí quedan motivados por la música e ingresan al grupo para actualizarlo con sus saberes y gustos. Gracias a los mismos estudiantes, SinSalón se ha ido diversificando, ha recibido influencias de la salsa, del rock, del pop, de la música indígena, de las flautas andinas, del reggae… para configurar nuevos y variados formatos como Arawí que hace música latinoamericana, Cordilleras que hace música andina colombiana, Pacificando una nueva versión que hace música del Pacífico, Mantra que hace rock y reggae. Al principio, los grupos se inclinan por hacer covers de famosas canciones, una vez ganan confianza en su trabajo, la premisa es invitarlos a componer sus propias letras. La excusa siempre ha sido que la música sea parte de la diversión y entretenimiento de los estudiantes, pero que sobre todo sea la posibilidad de expresar emociones o para reflexionar sobre diversas situaciones sociales y personales.

Después de diez años, en aquel “salón de música” queda ya muy poco espacio. La batería, las guitarras, los bajos, la marimba, los amplificadores, el cartel que anuncia que son ganadores del premio “Échate el cuento por la paz”, los cables… se adueñaron del espacio.  Los ensayos y las clases demandan mucho más espacio que el pequeño lugar que tienen, sin embargo, pasar un rato en ese lugar en medio de instrumentos es un gusto, este es sin duda un lugar en el que se vive la música.

En la historia del colectivo hay muchos momentos significativos, en medio de las paredes ocupadas por instrumentos es posible ver el cartel del cual con orgullo hablan sus ganadores. La canción “Río Aquel” escrita por los mismos estudiantes, le permitió al colectivo trascender las puertas de la Universidad y participar del concurso “Échate el cuento por la paz” realizado por el Ministerio del Interior en el marco de las acciones diseñadas para contar los Acuerdos de Paz en el 2016, con la fortuna de ganarse el primer lugar. El premio representó para el grupo la posibilidad de expresar sus ideas hechas canciones y plantear una apuesta ecológica que ponía en evidencia la necesidad de hacer la paz también con el medio ambiente. El premio, además, les permitió adquirir una interfaz de grabación en la que graban ensayos y siguen hoy creando su propia música.

Eliana Riaños GómezEsta particular manera de hacer música les ha permitido continuar trabajando en medio de la distancia social que ha impuesto la actual pandemia, cada cual sigue afinando su instrumento, componiendo música y creando nuevos videos musicales. La experiencia construida los ha llevado a plantearse otros ejercicios, como la canción OME, el olvido, el miedo y la esperanza, la más reciente creación del colectivo; un ejercicio musical reflexivo, un llamado a la resiliencia con letra y música original de SinSalón, y que hoy presentan a toda la comunidad universitaria, en el marco de su celebración.

Lo mejor de toda esa historia es que han sido los mismos estudiantes quienes se han apasionado por el grupo y lo han convertido en lo que hoy es.  Este homenaje es también un reconocimiento a aquellos que destinan parte de su tiempo libre a integrar los colectivos de Bienestar Universitario, estudiantes que con su talento nutren los grupos y crean formas de estar juntos, de vivir la Universidad y en el caso de SinSalón, de compartir el gusto por la música.

El llamado finalmente es a Bienestar Universitario para que siga siendo un estandarte de estos procesos que desde las artes y la lúdica se vienen gestando. Estos espacios son de los estudiantes, nacen de sus propios intereses. Por eso, apoyar estas iniciativas estudiantiles es aportar a la misión de Unicatólica, es reivindicar la importancia de estas prácticas interculturales como aporte a la formación integral de nuestros estudiantes.

Por ahora, y como dice OME, “hay sueños por alcanzar, la esperanza no está perdida”, que sean muchas más décadas reflexionando a partir de la música.

 ¡Gracias SinSalón!

 

 

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