Cuando una tarea de clase incita a la creación de un colectivo de música
Un breve recuento de los 10 años de historia del colectivo de música de Unicatólica, SinSalón
Por Mónica López Candelo mlcandelo@unicatolica.edu.co
En una clase de la entonces Licenciatura en Educación Básica con énfasis en Artística (hoy Licenciatura en Educación Artística), donde se discutía alrededor de la interculturalidad y la influencia de la música afro en todo el continente americano; un particular grupo de estudiantes quiso poner a prueba este concepto entre ellos mismos. El resultado: el grupo lograba conversaciones multiétnicas, pero no hacía interculturalidad. Ante tal panorama, la tarea era indagar cómo hacerla a partir de los saberes previos de todos los interesados.
Hacer música les pareció la mejor estrategia para solucionar la tarea. Entre los integrantes del grupo había cierta experticia, por un lado, en la música del folclor del Pacífico, pues varios eran de Guachené, Cauca, y habían migrado a Cali a estudiar en la Universidad. Ellos traían consigo, por supuesto, su conocimiento musical que tiene origen y trascendencia a partir de la oralidad y de las variadas costumbres de su región. Por el otro lado, había estudiantes con conocimiento sobre música andina y sonidos urbanos, como el rock y el blues. Así que se propusieron diseñar una estrategia para fusionar estos sonidos, estrategia que sonó tan bien, que terminó llamándose Pacific Blues, el primero de los formatos de música al cual este grupo de estudiantes decidió apostarle.
Al principio, Pacific Blues era simplemente una iniciativa estudiantil no reconocida por la Institución, una investigación de clase que les permitió entender la influencia de la música africana en el rock y en el blues, pero también en las músicas negras de Colombia y que de paso resultaba tan motivadora que sus integrantes decidieron continuar haciendo música. Lo curioso era que este grupo sonaba muy bien, todos habían hecho música antes, los chicos de Guachené traían el folclor en la sangre y la fusión con el blues sonaba muy interesante ante los oídos de los curiosos que pasaban por el ensayadero.

Desde entonces, han pasado diez años en los que esta iniciativa estudiantil apoyada por Bienestar Universitario ha ido configurando su propia identidad. Es la misma historia la que ha hecho de este grupo, un colectivo de música. Uno que con gusto ha viajado no solo por diversos géneros musicales, sino también por muchos espacios de la Universidad, pues al no tener inicialmente un salón propio para sus ensayos debió transportar durante mucho tiempo de un lado a otro sus músicas, como un estudiante errante que anda SinSalón.
¿Y en verdad no tienen salón? se pregunta uno al darse cuenta de que el colectivo se llama así, SinSalón. Pues sí, al principio no había un salón donde se pudiera hacer música sin interrumpir otras clases y sin tener que movilizar instrumentos. Primero usaron el salón múltiple, luego el salón de arte y, finalmente, el salón Ayni donde hoy se ubica “el salón de música”. Un espacio pequeño que antes era una bodega, pero que se fue adaptado con casi todo lo necesario para hacer música sin causar mayores inconvenientes.
Con el salón llegaron nuevas oportunidades para el grupo. Edwin no solo es el líder de SinSalón, sino que también se encarga de las electivas de Interpretación de Instrumentos Musicales y de Taller de guitarra que forman parte de la oferta de cursos de Bienestar Universitario. Este mismo salón es ocupado de manera regular por casi veinte estudiantes de las electivas y ahí, Edwin, con su particular estrategia para enseñar, usando los sonidos que hacen las palabras y algunas las frases, comparte todo su conocimiento sobre música enfocado hacia la formación integral y de esta manera atrae a nuevos talentos cada semestre. Por eso no es extraño que cuando se camina cerca al salón Ayni se escuche que alguien canta “papa con yuca” mientras enseña a tocar la tambora. También se le ofrece, por si el estudiante lo desea “pan-de-bono”, “choco-late”, ¡no hay manera de quejarse!..

Después de diez años, en aquel “salón de música” queda ya muy poco espacio. La batería, las guitarras, los bajos, la marimba, los amplificadores, el cartel que anuncia que son ganadores del premio “Échate el cuento por la paz”, los cables… se adueñaron del espacio. Los ensayos y las clases demandan mucho más espacio que el pequeño lugar que tienen, sin embargo, pasar un rato en ese lugar en medio de instrumentos es un gusto, este es sin duda un lugar en el que se vive la música.
En la historia del colectivo hay muchos momentos significativos, en medio de las paredes ocupadas por instrumentos es posible ver el cartel del cual con orgullo hablan sus ganadores. La canción “Río Aquel” escrita por los mismos estudiantes, le permitió al colectivo trascender las puertas de la Universidad y participar del concurso “Échate el cuento por la paz” realizado por el Ministerio del Interior en el marco de las acciones diseñadas para contar los Acuerdos de Paz en el 2016, con la fortuna de ganarse el primer lugar. El premio representó para el grupo la posibilidad de expresar sus ideas hechas canciones y plantear una apuesta ecológica que ponía en evidencia la necesidad de hacer la paz también con el medio ambiente. El premio, además, les permitió adquirir una interfaz de grabación en la que graban ensayos y siguen hoy creando su propia música.

Lo mejor de toda esa historia es que han sido los mismos estudiantes quienes se han apasionado por el grupo y lo han convertido en lo que hoy es. Este homenaje es también un reconocimiento a aquellos que destinan parte de su tiempo libre a integrar los colectivos de Bienestar Universitario, estudiantes que con su talento nutren los grupos y crean formas de estar juntos, de vivir la Universidad y en el caso de SinSalón, de compartir el gusto por la música.
El llamado finalmente es a Bienestar Universitario para que siga siendo un estandarte de estos procesos que desde las artes y la lúdica se vienen gestando. Estos espacios son de los estudiantes, nacen de sus propios intereses. Por eso, apoyar estas iniciativas estudiantiles es aportar a la misión de Unicatólica, es reivindicar la importancia de estas prácticas interculturales como aporte a la formación integral de nuestros estudiantes.
Por ahora, y como dice OME, “hay sueños por alcanzar, la esperanza no está perdida”, que sean muchas más décadas reflexionando a partir de la música.
¡Gracias SinSalón!






